KURIOSOS
"La ignorancia afirma o niega rotundamente; la Ciencia duda."

¿Cómo fijar la edad de una estrella?

Por: Ruth Lelyen
Según valores humanos todas las estrellas que observamos o no en el espacio sideral son extremadamente antiguas. Sin embargo, al hacer mediciones astronómicas se tienen en cuenta otras reglas. En relación con el origen del universo, una estrella puede ser tan vieja como para haberse formado durante la gran explosión o tan jovencita como para contar sólo con un billón de años de edad. Es natural que nos preguntemos, ¿cómo se enteraron los científicos de eso?
En sentido general, no hay modo de precisar la edad de una estrella individual. Por años los astrónomos han usado métodos globales que incluyen cúmulos de estrellas, en los que todas comenzaron su vida al mismo tiempo. Los modelos matemáticos emplean el color y el brillo de las estrellas en ese instante exacto de su existencia, y a partir de allí se hacen los cálculos. Pero dicho método no funciona para estrellas aisladas.
Al parecer hay una manera novedosa de realizar las mediciones. Se trata de tomar en cuenta la rotación de las estrellas. Dado que este fenómeno disminuye mientras trascurre el tiempo, puede ―por comparación―ser usado como un reloj, expresan los científicos.
Un telescopio de alta resolución mide la velocidad de rotación de estrellas que forman parte de cúmulos y cuyas edades ya se conocen. De este modo se puede establecer una proporción que deduzca el valor de edad de la estrella desconocida, si se tiene también su velocidad de giro. La rotación de las estrellas se mide tomando como punto de partida los cambios de brillo.
Como la atmósfera de la Tierra interferiría en el proceso de medición, la observación no puede ser realizada desde nuestra superficie. Pero quien sí puede llevar a cabo perfectamente esta tarea es el telescopio Kepler, diseñado justo para medir con absoluta precisión el brillo de la luz, en su finalidad de detectar planetas nuevos.
Los equipos investigativos planean continuar calibrando su “reloj”. Es un desafío muy complejo, pues en la misma medida en que las estrellas envejecen, pierden brillo y sus rotaciones van siendo cada vez más lentas, lo que dificulta cualquier percepción. Sin embargo, continúan hacia delante con la certeza de que cada paso que den constituye un avance en el estudio de estrellas semejantes a nuestro sol y de cualquier cuerpo estelar de este universo.